


Transcurrían los últimos meses del año 2011 donde Nity, como la conocían en su pueblo, llevaba una vida medianamente normal, se levantaba temprano, saboreaba del mate junto a su hija adolescente, y disfrutaba al escuchar la música que transmitía la radio local. Era una mujer alegre que nunca se quejaba por nada, sus cincuenta y tantos de años no habían sido todos felices, ya que llevaba una vida matrimonial que la angustiaba y que cada día al despertar la hacía más fuerte.
Una tarde calurosa de primavera, llegaba a los oídos de Nity que al día siguiente vendría a su pueblo el proyecto “Misiones te cuida” con la Unidad de Mamografía Móvil. Hasta ese momento, la última vez que Nity tuvo un control había sido hace muchos años, cuando había nacido su hija más pequeña que ya tenía 14 años. Los años sin control mamario habían pasado muy a prisa, sus mamas no estaban vestidas de Rosa y ella había olvidando que a su edad era importante hacerlo cada año. Y así fue que al día siguiente, Nity se acercó al lugar para aprovechar su llegada, y poder hacer lo que calculaba que sería sólo un control. El resultado no fue bueno, el Doctor allí presente le dijo que se acerque a su médico de confianza y que seguro le daría más estudios, porque algo había salido mal.
Nity nunca perdió la calma, estaba serena y tranquila porque su familia ahí estaba para acompañarla. Entre estudios y estudios, esa semana pasó muy rápido y los resultados no estaban equivocados, Nity tenía cáncer de mamas. El médico la miró y le dijo tenemos un largo camino, pero si haces lo que te digo vas a salir de esta. La noticia había cambiado las miradas de todos, se habían llenado de incertidumbres, de miedos y de esperanzas, las miradas de sus cuatro hijos y de sus nueras, la de sus amigas que entre risas y risas caminaban más de cinco kilómetros casi todos los días, y de las personas del pueblo que tanto la querían. Y ahí también estaba su marido, que aunque no lo demostraba en público sufría en silencio y en soledad la triste noticia.
El calor apretaba el corazón de todos, ya había llegado enero del siguiente año y Nity ya tenía su cirugía programada, había que sacar eso que la hacía daño. En la Ciudad de Posadas estaba el Hospital Madariaga, con un gran equipo de profesionales que la iban a ayudar y a acompañar en todo el proceso que restaba. Ese último día de enero realizaron la cirugía y allí en quirófano estaban todos, su Médico Oncólogo y la Mastóloga Laura Ruiz Díaz llevarían adelante la primer parte y el comienzo de esta gran lucha, y mientras lo hacían identificaron que ya tenía metástasis en los ganglios y que había que extirparlos. La cirugía fue un éxito, el tiempo que había pasado fue corto, pero para su familia que la esperaba en los pasillos de aquel Hospital fue una eternidad.
Los días pasaron y en su hogar Nity se recuperaba de la cirugía, mientras la vida de los demás pasaba con sus compromisos y ocupaciones. Diez días después de su intervención quirúrgica su segundo hijo se casaba, y allí estaba ella radiante en el altar para acompañarlo, orgullosa de aquel momento que quedaría guardado en sus recuerdos para siempre. Pero la lucha para ella continuaba, y en la siguiente consulta con su médico, él le explicaba que el proceso de quimioterapia comenzaría en pocos días, y fue así como las ocho sesiones transitaron. Ella sabía que este camino no sería fácil ya que por lo que su diagnóstico arrojaba esto llevaba más de cinco años en desarrollo, el control tardío no la ayudaba pero ella en su interior sabía que lo lograría, las fuerzas no decayeron, sino que se fortaleció en el sufrimiento.
La quimioterapia había pasado, su cabello había caído como hojas en otoño y su cuerpo se fue debilitando, pero aún no había ganado la batalla. Las sesiones de radioterapia fueron el siguiente paso, sus treinta y siete sesiones pasaron lentamente, ya que todas las noches a la hora en que cenicienta regresaba a su casa, Nity salía en ambulancia rumbo a la calle Roque Pérez a cumplir con cada una de ellas, como una princesa valiente y guerrera.
El tiempo pasó y su cabello lacio volvió a crecer, con sus canas más presente y esta vez rizado. Y ahí estaba en su último control con el médico, radiante y siempre alegre, él la miró y le dijo “esto es un milagro, ya saben a quién agradecer, no ha quedado ninguna raíz, Nity estas curada”. Su batalla había terminado, volvía de aquella guerra con la cabeza en alto, con el gozo en el alma y con ganas de vivir esta segunda oportunidad que Dios le daba. Pero Nity no pudo hacer algo que su Doctor le había recomendado, vida tranquila le dijo, y ella en su hogar no pudo dejar de sufrir en silencio lo que por más de 15 años la había atormentado, esa adicción que su marido no dejaba y que ella aguantaba por amor, por costumbre o por aceptar los designios de la vida. Nity volvió a caer seis meses más tarde, pero no por un cáncer de mamas, sino por un tumor cerebral que la llevó muy rápido, ya que el lugar en el que estaba no podía ser operado, pero tenemos la certeza de que si se podía, ella volvería a dar batalla y volvería a salir de ésta. Pero no todas las historias tienen un final feliz, Nity durmió eternamente una madrugada de invierno, un veinte de Junio de dos mil catorce, pero su batalla no fue en vano, porque pudo demostrar que el cáncer se cura, demostró que el control anual se debe hacer aunque se crea que todo esté bien, y que darse por vencida nunca fue su arma.
“En Memoria de Nity”
Analia Viviana Hettinger
Jardín América