


Si tuviera que poner nombre a una canción, sería Sonia en rosa Do mayor(*).
Sonia, mujer intensa, de vida intensa, de sonrisa y amores intensos. Llegó a mi vida en 1984, yo volvía de mi licencia por maternidad y me la encontré, o ella me encontró o nos encontramos. Fue amistad a primera vista.
Las dos al unísono nos elegimos para ser amigas, cómplices, confidentes.
Sonia a partir de ese momento fue la tía Sonia de mis hijos, la que nunca regalaba ropas ni juguetes sino golosinas. Cada cumpleaños pasaba lo mismo , el agasajado recibía regalo y el resto de los hermanos, golosinas. Siempre llegaba, a veces tarde, pero la Tía Sonia llegaba y mis hijos corrían y la abrazaban. Interés y amor de por medio.
Sonia amaba la música, la música clásica. En su casita de la calle Santa Fe tenía colecciones completas de discos de vinilo long play de Beethoven, Mozart, Bach, Wagner, Chopin, Chaikovski, Vivaldi, Verdi y otros que no recuerdo.
Mis visitas a su casa eran para compartir su pasión.: la música y el humor. El humor de Les Luthiers. Ellos formaban parte de la segunda y más importante colección de discos. Horas enteras pasábamos sentadas en un sofá color carmín escuchándolos, repitiendo los monólogos a pura risa compartida.
Jamás la oí quejarse del cáncer. Es más lo contaba como una anécdota, como quien cuenta un viaje, unas vacaciones, una aventura.
Era yo la que curiosa le preguntaba sobre su cirugía, que fue en Córdoba, de su quimio y de los rayos que viajaba a hacérselos a Rosario., porque en Misiones aún no se hacían.
Sonia era de estatura muy baja, pero robusta. Usaba clásicos vestidos con botones prendidos adelante, todos de colores pasteles y amaba el rosa.
Compartíamos otra pasión: la lectura. Su biblioteca era descomunal en volúmenes, no así en orden. Había libros en estantes, en baúles, en cajas, sobre una alfombra, en su mesita de noche, en un armario, arriba del ropero.
Hoy, miro mi casa, y veo que me parezco a Sonia.
Ella siempre tenía una respuesta para todo. A cada problema, una solución. Una solución viable y la solución chistosa. Su vida tenía color humor. Así la recuerdo.
Un día llegó a mi oficina, porque trabajábamos en el mismo lugar. Y sin drama me dice “Me olvidé la teta”. Así es. Mi dulce y pícara Sonia tenía una prótesis de casi quinientos gramos y vaya que se notaba la ausencia… Nos pegamos una carcajada y fuimos a buscarla.
Una vez que llegó a mi vida, fue mi compañera en mis posteriores embarazos. Siempre buscándole la vuelta, el lado divertido a mis quejas. Alentándome, amando la vida y sobre todas las cosas viviéndola.
Sonia no tenía hijos, así fue que adoptó un poco o mucho a los míos.
Cuando me anunciaron el embarazo de los mellizos, que llegaron cuando ya tenía tres niños… Me dijo, tenelos, y uno me lo das a mí, con una carcajada que todavía resuena en mis oídos. Hoy mis mellizos ya tienen 33 años y no se los di a Sonia, físicamente , ya que los tuvo en su amor todo el tiempo.
Sonia estuvo a mi lado, bancándome todo, las crisis, las tristezas, la depre. Sí, ella, quien la peleaba a diario contra el Cáncer de Mamas, era paradójicamente mi SOSTÉN.
Si fuera compositor si tuviera que ponerle nombre a una canción, sería Sonia en rosa Do mayor, porque así vivió, así amó, así rindió homenaje a este regalo que llamamos vida., en la nota más alta, más aguda, más alegre, más intensa, naturalmente simple y bella.
Ya pasaron muchos años de su gira anticipada, tal vez ahora, con todas las tecnologías a favor del tratamiento, con los avances en el mundo médico, Sonia, mi Sonia, seguiría llenando el aire de humor y sonrisas.
Isita Silveira de Andrade –
Leandro N. Alem
(*)El acorde Do mayor es uno de los acordes más utilizados en la música moderna debido a su tonalidad y escala natural, incluso se dice que es la nota más usada.