


Mi compromiso es sanar mucho más que cuerpos
Durante décadas, las mujeres con cáncer de mama se enfrentaban a una decisión profundamente dolorosa: proteger su salud oncológica a costa de su imagen corporal, o arriesgarse a un tratamiento menos agresivo para preservar su apariencia. Una disyuntiva injusta que colocaba a muchas pacientes entre la vida y la identidad.
Hoy, como mastóloga, puedo afirmar que esa realidad está cambiando gracias a un enfoque que transforma el paradigma: la cirugía oncoplástica. Esta disciplina ha logrado unir dos mundos—el de la seguridad oncológica y el de la reconstrucción mamaria—permitiéndonos ofrecer tratamientos que no solo curan la enfermedad, sino que también ayudan a sanar emocionalmente.
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Una de las dudas más frecuentes que escucho en la consulta es si la cirugía oncoplástica es igual de segura que la cirugía conservadora tradicional. La inquietud es legítima, pero la respuesta es clara: sí, lo es. De hecho, en muchos casos ofrece ventajas.
La aplicación de técnicas de cirugía plástica en el mismo acto quirúrgico en el que se extirpa el tumor no compromete la seguridad de la paciente. Al contrario, permite obtener márgenes quirúrgicos más amplios—es decir, eliminar con mayor precisión el tejido enfermo—lo cual reduce el riesgo de recurrencia.
Esta afirmación no es solo una percepción clínica. Está respaldada por múltiples estudios y metaanálisis que confirman que la cirugía oncoplástica mantiene los mismos estándares oncológicos que la cirugía tradicional.
“[…] las cirugías conservadoras con técnicas [onco]plásticas no aumentarían el riesgo de recurrencia.”
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Uno de los pilares de la cirugía oncoplástica es el diseño personalizado, y esto comienza mucho antes de entrar al quirófano. Se trata de una construcción conjunta entre la paciente y el equipo médico, especialmente el cirujano. Desde la primera consulta, se establece un diálogo abierto que transforma a la paciente de receptora pasiva a protagonista activa de su propio tratamiento.
Durante esta etapa de planificación, utilizamos herramientas simples pero fundamentales: un centímetro, un marcador para delinear en la piel y una cámara para registrar el punto de partida. Este proceso no solo optimiza el resultado quirúrgico; también fortalece emocionalmente a la paciente frente a los desafíos de la recuperación.
Como solemos decir en consulta:
“Sí, muchas veces los pacientes nos dicen, ‘Bueno, no, doctora, decida usted.’ No, no. Primero pongamos todo sobre la mesa para tomar una decisión conjunta. Así, si surgen complicaciones, la paciente estará mucho mejor preparada para enfrentarlas.”
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Uno de los errores más comunes es confundir la cirugía oncoplástica con una intervención estética. Y si bien empleamos técnicas como la mastoplastia o la reducción mamaria, su propósito principal es oncológico: extirpar el cáncer de manera segura.
El resultado cosmético es un objetivo secundario pero relevante, y siempre estará condicionado por el tratamiento. Por ejemplo, la radioterapia, que suele formar parte del abordaje terapéutico, puede influir en la cicatrización y en la apariencia final de la mama.
Por ello, es crucial que la paciente comprenda que esta cirugía no busca embellecer por sí misma, sino lograr el mejor resultado posible dentro del contexto de una enfermedad compleja. Esta claridad es fundamental para evitar expectativas poco realistas y para sostener un proceso de recuperación más saludable desde lo emocional.
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La cirugía oncoplástica no es una técnica única que se aplica de la misma manera en todas las pacientes. Muy por el contrario, cada intervención es un diseño quirúrgico hecho a medida—o, como solemos decir en medicina, “tailor made”.
Este nivel de personalización requiere una evaluación integral de múltiples variables:
• Tipo y volumen de las mamas.
• Ubicación y extensión del tumor.
• Calidad de la piel, cicatrices previas o presencia de estrías.
• Comorbilidades relevantes, como obesidad o tabaquismo.
El cirujano oncoplástico debe contar con una caja de herramientas quirúrgicas versátil y flexible, guiada no por sus preferencias personales, sino por las necesidades particulares de cada paciente. La técnica no debe adaptarse a la mano del profesional, sino a la anatomía y condición de la mujer que tenemos frente a nosotros.
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Conclusión: Una Nueva Perspectiva sobre la Sanación
La cirugía oncoplástica representa una evolución profunda en la forma de tratar el cáncer de mama. Ya no se trata únicamente de extirpar un tumor; se trata de cuidar a una persona en su totalidad. Es un enfoque que honra no solo la salud física, sino también la autoestima, la imagen corporal y el bienestar emocional.
Como mastóloga, me conmueve ver cómo las pacientes enfrentan este proceso con una nueva mirada. No solo luchan por sobrevivir, sino también por vivir con plenitud.
Me gusta cerrar este tipo de reflexiones con una frase que resume todo lo que la cirugía oncoplástica representa:
“…la mente que se abre a una nueva idea jamás volverá a su tamaño original.”