


Hay casos que recuerdan por qué en mastología no tratamos solamente una biopsia, una resonancia o un resultado de inmunohistoquímica. Tratamos a una persona y debemos integrar todas las piezas antes de decidir.
Una paciente de apenas 21 años llegó a la consulta. Presentaba secreción serosa unilateral por el pezón derecho y, en la mama izquierda, un área palpable de bordes poco definidos. Clínicamente, la axila era negativa.
El estudio comenzó a mostrar algo que se transformaría en el verdadero desafío del caso: las imágenes no contaban exactamente la misma historia.
La resonancia magnética estimaba una lesión cercana a los 4 cm, mientras que la ecografía no lograba correlacionar adecuadamente esa extensión. Esa discordancia imagenológica se convirtió en uno de los puntos centrales para decidir la conducta.
La biopsia agregó otra pieza aparentemente tranquilizadora: se trataba de un tumor con características biológicas favorables, hormonodependiente, HER2 negativo y de baja proliferación, con un Ki67 del 5%. En la presentación del caso fue clasificado como un subtipo Luminal A.
Y allí apareció la paradoja.
Porque una baja proliferación puede hablar de un tumor menos agresivo desde el punto de vista biológico, pero no hace desaparecer su tamaño, su distribución dentro de la mama ni las dificultades para obtener una resección oncológicamente adecuada.
En este caso, la resonancia sugería aproximadamente 4 cm de compromiso en una paciente con una mama joven y una lesión palpable. El dilema quirúrgico fue entonces inevitable: ¿cirugía conservadora o mastectomía?
El estudio genético resultó negativo. caso Rivas ateneo mastologia.pdf Eso también es importante: tener un cáncer de mama a una edad excepcionalmente temprana no significa automáticamente que vayamos a encontrar una mutación hereditaria identificable.
Finalmente se realizó tratamiento quirúrgico con mastectomía y evaluación del ganglio centinela. La anatomía patológica definitiva mostró enfermedad multifocal, con un foco mayor de aproximadamente 3 cm y un segundo foco, componentes ductal y lobulillar y ganglios centinela negativos. La extensión patológica confirmó que la discusión previa no era meramente teórica: había una enfermedad anatómicamente relevante pese a su perfil biológico favorable.
Pero en una paciente de 21 años la decisión nunca termina en “sacar el tumor”.
La reconstrucción mamaria, el impacto corporal, la sexualidad, la fertilidad futura y el tratamiento endocrino forman parte de la misma consulta. Por eso la preservación de la fertilidad también fue planteada como una dimensión específica del caso.
Este caso deja una enseñanza que sirve tanto para médicos como para pacientes:
un tumor de buen pronóstico biológico no necesariamente es una enfermedad pequeña, y una enfermedad extensa no necesariamente es biológicamente agresiva.
En cáncer de mama, una buena decisión surge de integrar edad, examen físico, imágenes, anatomía patológica, biología tumoral, extensión de la enfermedad y expectativas de la paciente.
Eso es, en esencia, la mastología moderna: no elegir un tratamiento por un único dato, sino comprender qué significa cada dato dentro de una persona concreta.