


Una diversidad de estudios han demostrado que la realización de ejercicios físicos y una dieta equilibrada resultan ser beneficiosos para la prevención del cáncer mamario.
Se ha comprobado que el ejercicio físico disminuye en un 24% las recaídas tumorales y en un 24% la mortalidad. Esto, se debe a que la disminución de masa adiposa y el incremento de masa muscular disminuye los niveles de estrógeno, de insulina y otros posibles factores de crecimiento circulantes, y de igual modo el riesgo.
Por otro lado, incluir una dieta con mayor consumo de verduras, fruta, aceite de oliva, pescado y legumbres, contemplando la reducción del consumo de alcohol, productos grasos, embutidos, carne, dulces y bebidas azucaradas ha resultado ser de gran beneficio para la prevención del cáncer de mama de un 30% aproximadamente.
De este modo, un nutricionista puede realizar una evaluación nutricional. Ya que es fundamental para determinar un compromiso alimenticio, y así, también establecer las intervenciones necesarias. Debido a que es muy común que en los pacientes oncológicos se presente pérdida de peso o desnutrición en el transcurso de la enfermedad como así también puede pasar que suceda lo contrario. Lo cual trae como consecuencia diversas complicaciones.
De esta manera, a estos pacientes se les debe elaborar una valoración de patrón alimenticio con la ayuda de herramientas especificas y válidas para cada caso en particular.
Esto es debido a que esta es una enfermedad de múltiples facetas. La cual tiene una gran influencia en los agentes alimenticios y en el estilo de vida que se conllevan. Por consecuencia, es imprescindible que un nutricionista se encargue de intervenir y proponer objetivos orientados para alcanzar un estilo de vida y hábitos saludables.
Nuevamente se recalca, una alimentación saludable, ayuda a disminuir el cáncer de mama y otros tipos de tumores.
En este video te comparto la conversación con la Lic. Valeria Fronciani