


En 2013, la decisión pública de una reconocida actriz de someterse a una mastectomía bilateral tras conocer que era portadora de una mutación en BRCA1 marcó un antes y un después en la medicina. El llamado “Efecto Angelina” no solo aumentó el interés por los estudios genéticos, sino que también hizo que miles de mujeres comenzaran a preguntarse si una cirugía preventiva podía ser la mejor manera de proteger su salud.
Sin embargo, más de una década después, la evidencia científica demuestra que la realidad es mucho más compleja. La cirugía de reducción de riesgo ya no consiste únicamente en disminuir la posibilidad de desarrollar cáncer de mama. Hoy hablamos de medicina personalizada, donde el riesgo individual, la genética, la técnica quirúrgica y la calidad de vida tienen el mismo peso en la toma de decisiones.
La gran diferencia con una cirugía por cáncer es que, en este contexto, la paciente está sana. Por eso, cada decisión debe tomarse con información precisa, tiempo para reflexionar y un equipo multidisciplinario que acompañe todo el proceso.
Durante muchos años se utilizó el término mastectomía profiláctica, como si la cirugía eliminara por completo la posibilidad de desarrollar cáncer de mama.
Hoy sabemos que ese concepto no refleja la realidad.
Desde el punto de vista anatómico, es imposible retirar el 100 % del tejido mamario. Siempre pueden permanecer pequeñas cantidades de tejido glandular en regiones cercanas al complejo pezón-areola, en los ligamentos de Cooper o en la prolongación axilar.
Esto significa que la cirugía reduce el riesgo de forma muy importante —habitualmente superior al 90 % en mujeres con mutaciones de alto riesgo—, pero no lo elimina completamente.
Este cambio de concepto tiene una consecuencia fundamental: los controles médicos nunca deben suspenderse, incluso después de una cirugía de reducción de riesgo.
La terminología actual refleja mejor este objetivo y por eso las principales guías internacionales prefieren hablar de cirugía de reducción de riesgo.
Recibir un resultado positivo para una mutación genética suele generar miedo y una necesidad inmediata de “hacer algo”.
Sin embargo, la experiencia de centros internacionales especializados muestra que la mejor cirugía suele ser aquella que se decide sin urgencia.
Por eso, muchos programas de asesoramiento genético incluyen un proceso que permite a la paciente:
• comprender cuál es su riesgo real;
• conocer todas las alternativas disponibles;
• conversar con especialistas en genética, mastología, cirugía reconstructiva y psicología;
• compartir experiencias con otras mujeres que atravesaron la misma situación.
La evidencia demuestra que las decisiones tomadas con información adecuada reducen significativamente el arrepentimiento posterior y mejoran la satisfacción con el tratamiento elegido.
La cirugía preventiva no debe ser una respuesta al miedo, sino una decisión consciente.
Los estudios genéticos evolucionaron de manera extraordinaria.
Hoy es posible analizar decenas de genes relacionados con el riesgo hereditario de cáncer de mama.
Pero esta enorme cantidad de información también plantea nuevos desafíos.
Uno de ellos son las llamadas Variantes de Significado Incierto (VUS).
En estos casos se identifica una alteración genética cuya importancia clínica todavía no puede determinarse.
Esto significa que la ciencia aún no sabe si esa variante realmente aumenta el riesgo de desarrollar cáncer.
Tomar decisiones quirúrgicas irreversibles basándose únicamente en un informe genético, sin asesoramiento especializado, puede conducir a tratamientos innecesarios.
Por eso, actualmente el estudio genético debe interpretarse siempre considerando otros factores:
• antecedentes familiares;
• edad;
• antecedentes personales;
• tipo de mutación;
• riesgo estimado individual.
La genética aporta información muy valiosa, pero nunca reemplaza el juicio clínico.
Hace algunos años, una reconstrucción mamaria exitosa se definía principalmente por su apariencia.
Hoy ese concepto cambió.
Las pacientes esperan —y la cirugía moderna busca ofrecer— resultados que también preserven:
• La sensibilidad;
• La temperatura natural de la mama;
• El movimiento fisiológico;
• La calidad de la piel;
• La imagen corporal.
La evolución técnica ha permitido importantes avances:
• reconstrucciones prepectorales, evitando colocar el implante debajo del músculo en muchos casos;
• evaluación intraoperatoria de la irrigación mediante fluorescencia con verde de indocianina;
• mejor comprensión de la vascularización cutánea;
• técnicas de disección cada vez menos traumáticas.
Todo esto reduce complicaciones y mejora la experiencia de las pacientes a largo plazo.
Hoy el objetivo ya no es simplemente reconstruir una mama.
El objetivo es reconstruir una mama que forme parte de la vida cotidiana de la mujer.
Uno de los mayores cambios en la mastología moderna es el concepto de decisión compartida.
Las principales guías internacionales no indican una única conducta para todas las mujeres con alto riesgo hereditario.
Las opciones pueden incluir:
• vigilancia intensiva mediante resonancia magnética y mamografía;
• quimioprevención en situaciones seleccionadas;
• cirugía de reducción de riesgo.
Cada alternativa tiene ventajas y limitaciones.
Por eso, la decisión debe construirse junto a la paciente, respetando sus valores, expectativas y proyecto de vida.
También es importante recordar que la búsqueda de simetría estética nunca debe ser, por sí sola, un motivo para indicar la extirpación de una mama sana.
La cirugía debe responder a una indicación médica sólida y no únicamente a razones técnicas o cosméticas.
La cirugía de reducción de riesgo ha evolucionado profundamente durante la última década.
Hoy sabemos que reducir el riesgo de cáncer es solo una parte del tratamiento.
También debemos preservar la calidad de vida, la imagen corporal, la función y el bienestar emocional.
La genética permite identificar a las mujeres con mayor riesgo, pero no determina automáticamente cuál debe ser el tratamiento.
La mejor medicina continúa siendo aquella que combina evidencia científica, experiencia clínica y una conversación honesta entre el equipo de salud y la paciente.
Porque cuando hablamos de prevención, el objetivo no es solamente vivir más años.
Es vivirlos con la mayor tranquilidad, seguridad y calidad de vida posible.
Si alguno de estos puntos forma parte de tu historia personal o familiar, es recomendable consultar con un especialista en mastología y genética:
Si alguno de estos puntos forma parte de tu historia personal o familiar, es recomendable consultar con un especialista en mastología y genética:
• Diagnóstico de cáncer de mama antes de los 45-50 años.
• Dos o más familiares con cáncer de mama u ovario.
• Cáncer de mama bilateral.
• Cáncer de mama en un hombre de la familia.
• Antecedentes conocidos de mutaciones como BRCA1, BRCA2 o PALB2.
• Múltiples casos de cáncer de páncreas o próstata en la familia asociados a cáncer de mama.
Una evaluación especializada permite estimar el riesgo individual y definir si corresponde realizar estudios genéticos o adoptar estrategias de vigilancia específicas.
La información adecuada sigue siendo la mejor herramienta para prevenir y tomar decisiones con confianza.